Educación y Soberanía: la agenda inconclusa de Eugenio María de Hostos

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11 enero, 2020 Por Ángel R. Villarini Jusino

"Con el patriotismo de las pasiones enfurecidas, con la resolución de salvarse o de morir, con los viejos heroísmos que ya han pasado de edad, con los resabios morales e intelectuales de aquel siglo pasado tan sujeto a espejismos de la mente, con eso, con lo que no sea verdad, poder y fuerza, no se irá en el siglo XX a parte alguna." Eugenio María de Hostos

Hostos, positivista crítico, estudioso de la realidad social, considera que la estrategia política supone, primero, un compromiso entre el ideal de patria soberana y las fuerzas sociales que podrían realizarlo. Por eso insiste:
"El patriotismo (hablo orgullosamente del deber, no del sentimiento aparatoso y embustero), el patriotismo exige que se vea la realidad tal cual ha sido, tal cual tiene que ser y tal cual es."

El análisis positivista no debe derivar en mero oportunismo conformista; pero tampoco le es aceptable el extravío voluntarista. En una política científica (que para el significa racionalista-experimental), como la que intenta construir, es necesario, primero, no perder de vista el ideal (“tal cual tiene que ser”) ni el proceso histórico (“tal cual ha sido”), a partir de los cuales la realidad (“tal cual es”) debe ser examinada. Sólo así podremos descubrir en ella sus tendencias y posibilidades emancipadoras. Por eso nos advierte:

"Con el patriotismo de las pasiones enfurecidas, con la resolución de salvarse o de morir, con los viejos heroísmos que ya han pasado de edad, con los resabios morales e intelectuales de aquel siglo pasado tan sujeto a espejismos de la mente, con eso, con lo que no sea verdad, poder y fuerza, no se irá en el siglo XX a parte alguna."

Hay en Hostos una actitud profundamente democrática, una actitud de confianza, una fe crítica, en el pueblo, de cuya acción y fuerza podrán surgir posibilidades inéditas, el “inédito viable” de transformación social. Para ello es necesario trabajar en el desarrollo de la conciencia del pueblo, de modo que, orientada por los valores emancipatorios, pueda tornarse en sujeto revolucionario y posibilitar con ello ese inédito viable. Esta dialéctica entre ideal y realidad obliga a una gran flexibilidad en las estrategias políticas y educativas. Por ello, la educación humana y patriótica tiene que estar acompañada de la educación ciudadana democrática para el ejercicio del poder, que se centra el en desarrollo del pensamiento crítico (que para Hostos es el pensamiento científico).

La lucha por la soberanía de Puerto Rico, en las condiciones represivas que imponía el régimen colonial español, impuso al país el dilema de dos alternativas: reforma-autonomismo o revolución-independencia. De aquí que el independentismo se viera obligado a ubicarse en una de esas dos vías y no pudiera concebir un proceso de cambio dialéctico que integrara una y otra. Antes de la Liga de los Patriotas, Hostos asumió, en diversos momentos del desarrollo de sus ideas y práctica política, una u otra vía.
Hacia fines del siglo XIX, Hostos vislumbra con claridad el diseño imperialista de los Estados Unidos y la necesidad de construir una nueva estrategia política adecuada a la realidad social del país, para preservar la lucha por su soberanía. Declara al respecto:

"La previsión manda que veamos desde hoy lo que hemos de ver mañana. Y no hay en la historia moderna un solo ejemplo de vida más consciente encaminada al dominio del Continente que la del pueblo para quien desde la primera infancia se ha presentado como destino manifiesto la dirección, en todo caso, la dominación, en caso necesario, de los pueblos que puedan coadyuvar al desarrollo de la Federación. Prever que, entre los casos de desarrollo y expansión de esa incontrastable fuerza continental, pueda llegar a ser uno la anexión forzada de cualquiera de las débiles naciones que la geografía ha puesto al acceso de la nación gigante, es ya un deber. Cumplir con el deber de prever la posibilidad del caso equivale a poner los medios para evitarlo."

Inicialmente piensa que su estrategia requiere llegar al país con las tropas norteamericanas, para sellar la invasión como acto de emancipación puertorriqueña. Pero entre los días 18 y 19 de julio de 1898, la prensa estadounidense informó que desde Santiago de Cuba había partido hacia Puerto Rico una fuerza expedicionaria compuesta por más de 3,000 hombres bajo el mando del General Nelson Miles con el propósito de consumar la invasión de Puerto Rico. En su Diario, Hostos escribe:

"Día muy triste para mi. Desde temprano me telefoneó Henna para decirme que estaba saliendo la primera expedición armada que el Gobierno americano envía a Puerto Rico. Como parte de esta expedición va según el rumor público, a apoderarse de la Isla para anexionársela; y como confirma en parte este rumor el hecho de no haber atendido el Gobierno americano el ofrecimiento de la Delegación puertorriqueña para acompañar en comisión civil al ejército de invasión, es casi seguro que Puerto Rico será considerada una presa de guerra. La independencia, a la cual he sacrificado cuanto es posible sacrificar se va desvaneciendo como un celaje: mi dolor ha sido vivo."

Hostos no pierde su esperanza crítica, propia de su pensamiento dialéctico. Con la invasión y cambio hacia el régimen colonial norteamericano, considera que se abre una tercera vía de lucha que articulará en la Liga de los Patriotas Puertorriqueños: unir a los puertorriqueños por encima de diferencias político-partidistas en un proyecto común de construcción de pueblo que lo pusiera en condiciones de autodeterminarse. Esta vía implica una nueva manera de entender y practicar la actividad política soberanista. Es necesario examinar los principios teóricos que fundan esta propuesta, esta tercera vía, para poder entenderla y apreciarla. Declara Hostos al respecto, refiriéndose a la su concepción de una política científica (1899):

"Desde su fundación en Nueva York hasta su organización en Puerto Rico, la Liga de Patriotas ha practicado esa política. […] Esa es una verdadera política, porque tiene principios, medios y fines que corresponden exactamente a la realidad actual de nuestra sociedad, a su verdadero estado de cultura y a su posible desarrollo y civilización. Es, sobre todo, una política, porque radica en el conocimiento exacto del malestar del país, de las causas de ese malestar, de los resultados que ha tenido y puede tener, de los medios y recursos que para curarlos suministran, por una parte, las condiciones mismas del país y los consejos de las ciencias sociales.

Ardua política, sin duda: tan alta y tan digna como es ardua; pero de ninguna manera es política que pueda seducir a los buscadores de poder o a los ansiosos de mando o a los disputadores de puestos. Es una política al revés de la enseñada por el coloniaje. En vez de encaminarla al poder político, se encamina al poder social; en vez de buscar el dominio de todos para uno, busca el dominio de cada uno por sí mismo; en vez de afanarse por fabricar partidos en el aire, se desvive por cimentar en la conciencia de la triste patria la noción de sus derechos, el conocimiento de sus deberes y el reconocimiento de sus responsabilidades."

Cuando Hostos habla de los “consejos de las ciencias sociales", se refiere a los principios que ha establecido en su Sociología, los cuales enuncia las leyes constitutivas de las sociedades, de cuyo cumplimiento depende el que se logren o no los propósitos para los que son creadas: la construcción de formas de vida armónicas con la naturaleza, entre nosotros y hacia nosotros (según los establece en su tratado de Moral, edición de la UPR). Las leyes que expresan los elementos que concurren para crear un orden social armónico, saludable, justo son: sociabilidad, trabajo, libertad, progreso, el ideal, conservación y medios. Pero estos elementos se desarrollan en sí y entre sí, históricamente, en forma contradictoria (lucha barbarie-civilización).

El colonialismo es en este sentido una perversión del orden social, porque no permite el desarrollo pleno y armónico de esos elementos y crea una sociedad enferma; injusta. A modo de ejemplo de este desarrollo contradictorio, enfermizo del colonilaismo, ilustro con la ley del trabajo lo que nos explica Hostos:

"Es del orden económico de lo que depende el bienestar social, y que el orden económico no puede ser establecido sino previa sujeción a la ley del trabajo: el consumo es proporcional a la producción, y la producción es proporcionar a los coeficientes del trabajo. Más como el desarrollo regular de las sociedades humanas ha afectado a la producción y al consumo de las riquezas colectivas, en modo que la lucha establecida desde los primeros días entre productores y consumidores no ha cesado todavía en nuestros tiempos ni cesará jamás, mientras no se restablezca la relación normal que da la ley, la desigualdad de las fortunas y las prosperidades, el hambre para el trabajador y la saciedad para el capitalista, las desventajas comerciales para las naciones débiles y las ventajas abrumadoras para las naciones fuertes como han sido el espectáculo del sufrimiento que ha dado hasta ahora el trabajo humano."

Pero que el desarrollo sea contradictorio implica que a las fuerzas que lo pervierten se le oponen las contrarias, las de la libertad, que no es sino el respeto al deber y el derecho. De modo que hay que buscar en las condiciones coloniales las fuerzas sociales, el poder social, que las adversan, es decir, cómo a pesar del colonialismo, se hacen valer las leyes sociales: dónde y cómo se manifiesta, a pesar del colonialismo la tendencia a la Sociabilidad-Trabajo-Libertad-Progreso-Ideal-Conservaciòn-Medios.

En varios escritos, desde su Bayoán, Hostos hace la crítica de las contradicciones y perversiones que genera el colonialismo. Pero, consecuente con su pensamiento dialéctico y su teoría política, busca igualmente resaltar lo que a pesar de ello ha logrado el puertorriqueño en términos de hacer valer dichas leyes, y que constituye la base para el principio de la esperanza crítica revolucionaria. Así, por ejemplo, tan temprano como 1882, en su escrito sobre “La Feria de Ponce, Hostos aplica esta perspectiva sociológica al análisis del desarrollo de Puerto Rico en condiciones de colonialismo.


Declarada ciudad en 1877, Ponce se transformó en una ciudad progresista y en el principal centro económico y agrícola del país, y cultural e intelectual de la región. Lo cual puso en evidencia en la Feria Exposición de Ponce de 1882, en la que se presentan los adelantos agrícolas e industriales de la época. Hostos, leyendo las reseñas y fotos de prensa y, probablemente, comparando con lo que vive en el Santo Domingo en el que reside, queda maravillado y describa y analiza el desarrollo experimentado, a pesar del colonialismo. Declara al respecto:

"Se trata de saber cómo es posible que del seno de una sociedad no bien constituida y forzada por el no uso de su soberanía a esperar de otra palabra de orden, el ejemplo y el consentimiento de todo y para todo, haya podido surgir una localidad tan capaz de dirigirse a sí misma, tan digna de su propia dirección y tan menesterosa de uso de su autonomía, que no puede esperarse todo lo que promete su asombrosa iniciativa, mientras no disfrute del ejercicio incondicional de sus derechos."

Hostos atribuye el logro de desarrollo social que muestra la Feria a cinco fuerzas:

  1. las “clases laboriosas, el artesanado”, que “ha podido elevarse por su propio esfuerzo” a una “inteligencia colectiva”.
  2. la obra de hombres talentosos, su “iniciativa individual”.
  3. la “pequeña propiedad agraria e industrial”, que sustituye con la intensidad de éstas, lo extenso de los grandes cultivos de la “maldita caña”
  4. la fuerza de la “iniciativa municipal”, ante “la inercia y la asfixia de la administración colonial”.
  5. el “espíritu de la civilización universal, frente al “españolismo”

Estas fuerzas son para Hostos “el fundamento de la esperanza racional” de que puedan alterarse las condiciones coloniales y de que un día el “ardiente municipalismo” “llegará a patriotismo” para producir “la definitivamente exposición de un pueblo libre”.
Para Hostos, el colonialismo es un comportamiento que se sostiene en una forma de conciencia; la conciencia colonizada. La conciencia es, según Hostos, aquella fuerza interna que controla nuestro comportamiento, como resultado de “la unión de las fuerzas que por separado tienen el entendimiento, la sensibilidad y la voluntad”. La conciencia tiene como función permitirnos entender, sentir y desear frente al mal el bien. De este modo preferimos lo que preserva y perfecciona la vida -natural, social e individual- frente a lo que la daña y destruye. En la conciencia sana estas tres fuerzas se desarrollan y equilibran para producir un ser humano libre y solidario en control de sus relaciones con la naturaleza, con los otros y consigo mismo; un ser humano capaz de cuidar de estas relaciones y promover su perfeccionamiento.

En la conciencia colonizada este desarrollo y armonía se han abortado. El rasgo fundamental de la conciencia del colonizado es el sentido de minusvalía, de baja autoestima y, en consecuencia, la impotencia para asumir el control de su vida individual y colectiva. Es el resultado de no entender, no sentir y, por ende, no aborrecer la dominación que sobre él o ella se ejerce y desear lo que realmente conviene a su vida. Desde la perspectiva social y psicológica, el colonialismo es resultado de un proceso histórico social formativo o educativo que brota de relaciones y prácticas sociales que obstaculizan el desarrollo social y, con ello, el de la conciencia. En este sentido no solo en las colonias hay colonialismo; al interior de las metrópolis y de las recién constituidas repúblicas, también se practica el mismo. Por eso dice Hostos:

"Todo estaba explicado. La ignorancia era la base de aquella corrupción del derecho y del deber, y la ignorancia era cosa fatal, porque correspondía a otra ignorancia más decisiva: la de cuantos, pudiendo influir constantemente en la educación del pueblo campesino y del urbano, privan al uno y al otro de los medios de educarse, o no saben que sin educación del pueblo no habrá jamás verdadero pueblo; y que, sin pueblo verdadero, la democracia es una palabra retumbante, no un sistema de gobierno. Era inútil indagar más. Lo deseado estaba averiguado. Aquella muchedumbre no era un pueblo. Aquella función electoral no era el ejercicio concienzudo de un derecho ni el cumplimiento concienzudo de un deber. Aquella muchedumbre era un autómata. Aquella función electoral era un simple mecanismo. Un partido o una autoridad tiraba de la cuerda, y el autómata se movía a capricho y placer del mecanista. El autómata era armado. Golpearía, heriría, mataría.

Lo que con abuso temerario llamáis usualmente democracia, no es, ni ha sido nunca, ni será nunca una forma de gobierno: es una de las formas de la anarquía, que sólo existe en los países donde la dirección de las sociedades está encomendada a una oligarquía, más o menos disimulada, más o menos dúctil en sus aspiraciones, un día militar, otro día burocrática, como ayer quiso ser teocrática, como podría llegar a ser demagógica.

Para que exista una democracia, es necesario que el pueblo no sea un agregado casual de hombres: sino una asociación voluntaria, consciente, inteligente, adherida por la fuerza de cohesión de los grandes intereses de toda sociedad, educada en el trabajo, moralizada por la instrucción, civilizada por las costumbres públicas y privadas que crean el sucesivo progreso de la razón en la especie humana, y la experiencia de la vida universal en la historia."
Con la Liga de los Patriotas, Hostos concibió una estrategia político- educativa de desarrollo de conciencia, de concienciación, que pudiera demostrar “la posibilidad de hacer una gran fuerza de esta infinita debilidad que dejan los españoles en el cuerpo y en el alma de esta sociedad”. Estrategia que podemos resumir en tres momentos:

Primero, había que unir a todos los puertorriqueños en la defensa del interés común de su soberanía, apenas comenzada a construir frente a la despótica España. Esto requería el trascender la política partidista orientada al anexionismo, dispuesta a administrar la colonia para la nueva metrópoli, y divisoria de la voluntad popular. Había que hablar desde la perspectiva del interés de la patria, de su soberanía, no del partidismo. Por eso propone el plebiscito.

Segundo, era necesario educar a los puertorriqueños en el conocimiento de las ideas, valores, sistema de derecho e instituciones democráticas de los Estados Unidos, de modo que éstos fueran utilizados como instrumentos a favor del ejercicio de nuestra soberanía y contra todo intento de imposición de la anexión o de mantener el estado colonial. Se trataba también, a través del ejercicio diplomático y del uso de la prensa, de recordarles a los norteamericanos (sobre todo a las fuerzas no imperialistas en el congreso y a la intelectualidad liberal) que la lealtad que debían a dichos principios los obligaba a establecer la democracia en Puerto Rico y a respetar la soberanía del pueblo puertorriqueño a través de una consulta plebiscitaría.


Tercero, su estrategia contemplaba un proceso de más largo plazo (25 años) de fomento del desarrollo social y cultural por medio de asociaciones y, sobre todo de una reforma educativa en Puerto Rico que propiciara el desarrollo material de nuestra sociedad y su conciencia nacional. Pero la educación no debe entenderse como escolarización sino el desarrollo de la conciencia soberanista que surgirá de la asociatividad y que fortalecería el “el poder social.” Dice al respecto:

"Es indispensable aprontar y facilitar la práctica de las instituciones políticas, económicas, cívicas y culturales, que den a toda la población la aptitud, habilidad y espontaneidad necesaria para la vida activa , para el mejoramiento de la salud pública y para ejercitar la iniciativa que hay que forzosamente aplicar a todas las necesidades de la vida, así individual como social.”

Encerrados en el dilema de reforma o revolución y en la perspectiva político-jurídica, sujetos a “los espejismos de la mente”, no acabamos de entender que “con lo que no sea verdad, poder y, fuerza”, no se irá tampoco en el siglo XXI a parte alguna. El logro de nuestra soberanía no será producto de una revolución armada, o mera asamblea o plebiscito, sino del proceso educativo y asociativo que por medio de la práctica, de la vivencia en convivencia, nos permita construir el poder social; el poder asociativo, que supere la conciencia colonial, es decir, que cree la conciencia liberadora para entender y sentir que podemos, debemos y vamos a asumir el control de nuestra vida colectiva. Esa fue la agenda inconclusa que nos legó Hostos, el maestro cuya memoria honramos el día de hoy.

11 de enero de 2002

Escrito por

Ángel R. Villarini Jusino

Doctorado en filosofía del Boston College de los Estados Unidos, con especialidad en hermenéutica filosófica. Es catedrático profesor titular de la Universidad de Puerto Rico, profesor honorario de la universidades


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